Mediante una nota publicada por Clarín, en su edición de hoy, que expone una referencia histórica sobre el caso Reggiardo, destaca que su heredero, Mario Calderón, no tiene “ni para los remedios” y que este, espera ansiosamente que la Sala Segunda de la Cámara Civil y Comercial de Paraná se expida sobre su identidad y su herencia.
La noticia comienza con la siguiente referencia: Es diabético. Podría viajar a Estados Unidos o Francia y pagar los mejores tratamientos, pero no tiene ni para comprar tiras reactivas (en vez de medirse la glucosa cuatro veces por día, lo hace cuatro veces por semana). Podría comprar una mansión, o habitar el campo que le pertenece por derecho, pero vive en una casa prestada y humilde, y tiene embargada su caja de ahorros por una deuda impositiva de 4.900 pesos. Podría dar la vuelta al mundo diez veces y le sobraría dinero. “Pero los pasajes de Misiones a Buenos Aires para ver a mis cuatro nietos me cuestan caro y debo limitarme a un viaje por año”, dice a Clarín Mario Calderón, de 59 años, el hombre que heredó de su padre una suma millonaria que los interminables vericuetos de la burocracia judicial aún le niegan.
Calderón siempre se supo huérfano (su mamá murió en un naufragio en el río Paraná cuando él tenía 3 años, y logró salvarlo de milagro antes de ahogarse). ¿Padre? Quién sabe. Hasta que hace 11 años conoció la verdad: era hijo de un multimillonario que falleció trágicamente en 1998 al caer con su helicóptero en la estancia El Cerro, cerca de Paraná, Entre Ríos. Se llamaba José Antonio Reggiardo y tenía al morir 73 años y una fortuna de 35 millones de dólares en campos, autos de colección, casas, cuentas bancarias y ganado.
Vivía con su mujer, Luisa Arrúa, desde hacía 26 años, y todos sabían que El Loco Reggiardo (lo llamaban así por su mal carácter) no tenía hijos. O eso creían: María Calderón había sido su empleada y había quedado embarazada de él. La mujer se lo había confesado a una cuñada, pero el secreto durmió durante 47 años, hasta que Reggiardo murió y un familiar le contó a Mario quién había sido su padre.
Tres ADN confirman su filiación en un 99,99% desde hace diez años. Pero la Justicia sigue sin concederle su identidad ni su herencia. Y Mario sigue haciendo malabares para llegar a fin de mes. Y pasa privaciones. “Mi principal herencia es saber finalmente quién soy, tener el apellido de mi padre -dijo Calderón a Clarín-. Toda mi vida, cuando me preguntaban por mis padres o debía llenar un formulario, respondía ‘soy huérfano de madre’ y trazaba una raya en el casillero que decía ‘Padre’. Ahora, cuando tres ADN y un testigo confirman quién soy, la Justicia demorada me sigue grabando la raya en la frente”.
La lucha por el reconocimiento de su apellido y su herencia parece el guión de un thriller. Al morir Reggiardo sin herederos conocidos, varios primos plantearon juicios sucesorios. En 1999, Calderón pidió a la Justicia una prueba de ADN y medidas cautelares para que nadie disponga de los bienes del estanciero. Meses después, planteó juicio de filiación y reclamó la herencia. Pero a fines de ese año apareció María Angélica Godoy (25), una mujer que mostró un acta de nacimiento expedida por el Registro Civil de Nogoyá. La acompañaban un escribano y un abogado. Los tres lograron que un juez pusiera toda la fortuna de Reggiardo en sus manos. Vendieron de inmediato una fracción de mil hectáreas y todo el ganado, hasta que la estafa salió a la luz. Finalmente, los estafadores fueron juzgados y condenados en 2008 por la Cámara del Crimen de Gualeguay. Dos ADN dieron negativo para María Angélica y otros tres ADN, positivo para Calderón. En medio del juicio, alguien profanó la tumba de Reggiardo e hizo desaparecer el cajón con el cadáver, para impedir que se tomaran nuevas muestras de tejidos que siguieran confirmando la identidad de Calderón.
Los estafadores apelaron ante el Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Entre Ríos, que el año pasado confirmó el fallo. En tanto, Mario tuvo que dar de baja a su mujer de la obra social hace un año y medio. “Conservo la mía pagándola a los ponchazos, porque soy diabético y no podría jamás pagarme los remedios”, dijo a Clarín.
Vivió con su mujer cuatro años en una casilla de madera, en un terreno fiscal de La Plata (“en invierno cenábamos con campera puesta y capucha porque se colaba el frío por todos lados”, recuerda). Hasta que se fueron a Misiones, donde viven ahora. Subsiste sacando fotos en eventos sociales y con lo que le da un carrito panchero. Está esperando que la Sala Segunda de la Cámara Civil y Comercial de Paraná resuelva sobre su identidad y sobre su herencia, que sigue en manos de la Justicia. (Por: Verónica Toller / Diario Clarín).











10/11 | 22:40
es lamentable, que con una simple fotocopia le dieron todo a quiene falseo descaradamente la verdad desde el principio. Era todo tan evidente hasta para un pobre ignorante y ciego y sordo.
Siempre se supo quien es el verdadero heredero. Viva la impunidad……
la justicia no funciona al contrario en este caso hay muchas hechos que podrian ser o son delitos. el consejo de la magistratura no existe, pues los jueces actuantes tendrian que dar muy buenas explicaciones, si las hay.
POBRE MI PAIS.
charly