La UTN Paraná cuestiona la utilidad de las lámparas bajo consumo

12/01/2009 Leido 1138 veces, 1 hoy

Especialistas universitarios de la Regional Paraná concluyeron que el uso de ese tipo de focos es “una alternativa poco confiable, de poco impacto económico y un alto impacto ambiental”. Dicen que el 10 % de las que se consigue en el mercado no funcionan más que media hora y que casi el 70 % se descarta antes de tiempo. Contienen mercurio y por lo tanto contaminan.
En diciembre del año pasado, el Congreso de la Nación aprobó una ley que prohíbe la fabricación e importación de lámparas incandescentes (los focos comunes) a partir de diciembre de 2010.

Según se afirmó, la flamante norma tiene como objetivo la sustitución, en el uso residencial, de las lámparas incandescentes por lámparas fluorescentes compactas (de bajo consumo), “para la reducción del consumo energético y el aprovechamiento racional de la energía dentro del marco de las restricciones existentes en el suministro energético”, según se dijo.

Sin embargo, un estudio realizado por la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Paraná, pone en duda ese supuesto ahorro y advierte sobre las consecuencias contaminantes del uso de lámparas con mercurio.

Así, se demostró que un alto porcentaje de las lámparas calificadas como de bajo consumo son descartadas prematuramente y muchas de las que se ofrecen en el mercado tienen una breve vida útil.

Además, el ahorro energético sería para el consumidor pero no para el sistema eléctrico en general.

A pesar de que esa iniciativa fue impulsada por organizaciones ecologistas como Greenpeace, en las conclusiones de ese estudio se advierte sobre el impacto ambiental que provocarán las lámparas de bajo consumo fuera de uso, debido al mercurio que contienen, ya que no se ha previsto ningún tipo de reciclado.

“Existen una serie de indicadores que nos están presentando a la lámpara de bajo consumo como una alternativa poco confiable, de poco impacto económico y un alto impacto ambiental”, advierte el informe sobre la investigación que coordinó el ingeniero Celestino Brutti, y de la que participaron Fabio Vincitorio, Alejandro González, Francisco Ronchi y Carlos Romano.

Antiguas

Las lámparas de bajo consumo surgieron en los años 70 como una alternativa de ahorro energético frente a la crisis del petróleo.

Pasado el cimbronazo que produjo esa crisis, esos dispositivos cayeron en el olvido hasta principios de los 90, cuando comenzaba a preverse dificultades energéticas en un futuro cercano.

Hoy, las limitaciones en los recursos energéticos disponibles ya son evidentes y acuciantes, lo que ha llevado a que muchos países busquen medidas paliativas al problema.

Entonces, es cuando el paradigma del reemplazo de la lámpara incandescente por la de bajo consumo se impone como una de las medidas fundamentales desde el punto de vista político.

“Sin embargo se debe notar que habiendo pasado ya más de 30 años desde el nacimiento de estos dispositivos, el diseño y la tecnología aplicada en la mayor parte de las lámparas de bajo consumo sigue siendo exactamente la misma. Si bien es cierto que se ha mejorado la eficiencia de las lámparas fluorescentes compactas (CFL) y se ha reducido el tamaño del conjunto balasto lámpar, la topología aplicada en la configuración del balasto sigue siendo la misma”, afirman los ingenieros.

Es que la tecnología aplicada en estas lámparas en cuestión es demasiado antigua y con “un alto nivel de distorsión armónica, que generan problemas que contaminan las líneas eléctricas lo que implica menor rendimiento”.

Es decir que el ahorro energético no sería el que se pretende.

Destinos

Del total de las lámparas examinadas por los especialistas paranaenses, el 30% dejó de funcionar durante la primera media hora de uso y el 68% de ellas fueron descartadas prematuramente.

En el informe se hace notar que entre los años 2004 y 2007 ingresaron al país 47 millones de lámparas de bajo consumo, con un costo promedio de $ 15 por lámpara.

Así, trasladando lo demostrado en la investigación se puede concluir que 4,7 millones de esas lámparas nunca funcionaron correctamente, y más de 27 millones se dejaron de usar antes de tiempo. Por lo tanto, de aquella inversión se perdieron 480 millones de pesos, que podrían haberse destinado a gastos de infraestructura para la producción de energía alternativa, como la eólica.

“El costo asociado a la compra de lámparas de bajo consumo es mayor al costo de inversión en generación, incluso eólica, energía que sigue siendo considerada de alto nivel de inversión”, sostienen.

También se refieren a los daños ambientales que producen estas lámparas, derivados de la contaminación relacionada con la liberación del mercurio y otros de sus componentes.

En caso de que se implementara algún sistema de reciclado, habría que calcular qué costos económicos implicaría, en relación al ahorro pretendido.

“Tampoco se ha hecho referencia a los efectos o pérdidas que podrían estar relacionadas con los sistemas eléctricos cuando las cargas tienen elevados niveles de distorsión armónica”, aseguran los expertos. F: El Diario



4 Comentarios

  1. Preguntón dice:

    Yo tuve que reemplazar varias, que se quemaron a los pocos días.
    ¿No será que alguna empresa que estaba llena de esas lámparas “convence” a las autoridades de algún país bananero y poco serio del tercer mundo de que son mejores, y las coloca a un precio muy alto”
    ¿Y no será que las autoridades se dejan “convencer”… a un precio muy bajo?

  2. Alejandro Mascotto dice:

    Hola Octavio:

    Sin desear ser un profeta de lo oscuro, tal como lo expresara Sábato en sus textos, sospecho para mí mismo que no todo sobre las lámparas de bajo consumo se ha dicho. Me alegra sobremanera que alguna universidad Nacional, más específicamente, algunos docentes y universitarios, se hallan planteado el problema con seriedad, desde la óptica científica y técnica. Coincido con ellos en que la clave de la comprensión del problema es el abordaje del problema energético en general, no del domiciliario. Si hablamos de ahorro de energía, estamos obligados a considerar todas las etapas en donde se utiliza la energía: obtención de la materia prima, transformación, producción del elemento, desempeño y, claro está, su desecho o reciclado. En todas ellas hay inversión de energía y no está claro cuánta energía en total se utiliza para dar vida a estas lámparas. De hecho, ¿estamos pagando el costo? Algo me dice que el costo y residuos de las incandescentes es muy inferior a las de bajo consumo, basta pensar en los pocos elementos que la constituyen y el alto de grado de reciclabilidad que posee: es lo que la hizo tan espectacular en su época, el arte de lo simple. Por su parte, los componentes electrónicos de las lámparas de bajo consumo son irreciclables, a menos que comencemos a utilizarlos como grava para hormigones, sumado a las pilas. No es mi intención ser despectivo respecto al tema, más bien me planteo, con la seriedad a mi alcance, las consecuencias de esta tecnología. Sólo a título de ejemplo, no conozco a la fecha, y admito sea debido a mi propia ignorancia, de qué manera se reciclan las placas madres de las computadoras, por ejemplo, o de las distintas placas que dan vida a todas sus funciones, etc.. Si existiera tal proceso, existiría para la placa que controla a la lámpara de bajo consumo.
    Llegué a esta página porque estaba buscando en Google datos sobre el costo de fabricación del objeto en cuestión y de ser posible datos sobre la energía consumida en el proceso. Seguiré intentando.
    Aliento el trabajo universitario local y espero que lleguen más lejos. Saludos

  3. croatian incest photos dice:

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    eh… good one )

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